Con más de 20 años de ilustrador, 14 de diseñador para editoriales y varios más de escritor, Alexiev comparte en esta nota para Sacapuntas todo su expertise.
Por Alejandra Clutterbuck Pablo Acosta
Con una trayectoria de tantos años en el dibujo me veo obligado a recorrer tus inicios. Cuando comenzabas tu formación, ¿hubo algún taller que marcara tu camino?
Sí. Estudié, me capacité, fui a cuanto tallerapa recía. Tuve la suerte de cruzarme con grosos en el camino como Istvanch, Graciela Repún, Roque Pronesti, Hermenegildo Sabat, Mónica Weiss y Pérez Celis. De todos aprendí cosas, pero también de mis compañeros, de los alumnos que pasaron por esas experiencias y con quienes íbamos creciendo juntos. Hice amigos y colegas con los que todavía me veo. Creo que se aprende en sociedad, viendo cómo trabajan otros y dejando que vean cómo trabajamos. Es fundamental, inclusive anímicamente. De lo contrario permanecemos encerrados en nuestro taller sin ver a nadie.
¿Qué te parece lo más desafiante de este trabajo?
Cada uno tiene sus fantasmas. Para algunos lo más desafiante es romper con la inseguridad, la autocrítica despiadada que nos hace sentir que nuestro trabajo está por debajo del de otros. A veces el miedo a llevar o a mostrar nuestro trabajo pasa por dos lados: pensar que no va a gustar y que nos lo van a robar. Cualquiera de los dos miedos nos congelan y son un error, porque mostrarnos ayuda a crecer. Puede que a algunos no les guste nuestro trabajo, pero es imposible gustarle a todos. Y seguramente a otros sí les guste. Existen ilustradores masivos y otros de nicho, pero siempre hay quienes disfrutan de nuestra producción. En ocasiones, alguien a quien no le gusta nuestro trabajo puede ofrecernos una crítica que nos haga mejorarlo. Y no podremos venderlo si no lo mostramos, por lo que si nuestro miedo es que nos lo roben, no mostrar generará en el trabajo un destino peor que el de ser robado: vivir en el fondo de un cajón para siempre. Encontrar la casa para un proyecto es para mí lo más desafiante. He tenido libros por más de ocho años hasta encontrar la editorial que los quisiera editar. Creo que no perder la esperanza y seguir mostrando los proyectos (a pesar de las puertas que se hayan cerrado) es todo un desafío.
¿Cuál te parece que es la herramienta más importante de un ilustrador?
Sin lugar a duda la imaginación. La posibilidad de crear un mundo entero con nuestro lápiz. Un mundo que antes de nosotros no existía. Hacerlo desde lo estético, desde lo conceptual y desde lo lúdico. Creo que los ilustradores que tienen técnica, que pueden dibujar y colorear bien, pueden trabajar. Pero el mundo se nos abre cuando uno puede inventar, cambiar, reproponer, crear, darle vida al trabajo. Y, por otro lado, es muy importante saber vendernos. Hay ilustradores muy grosos que suben sus cosas a las redes sociales y esperan que con eso les caiga trabajo. Pero eso solo no al canza. Hay que salir de nuestro taller y enfrentar el mundo. Mandar nuestras producciones a las editoriales, a las agencias de publicidad, a los estudios de diseño, hay que ir a las ferias y vender como quien vende medias. Creo que a quienes hacen esto les va bien.
¿Qué es lo que más disfrutás de tu trabajo?
Jugar, divertirme, inventar. Me encanta pensar en proyectos nuevos, crear historias y ver cómo las ilustraría. Pero, sobre todo, jugar. Me di cuenta de que cuando me divierto mucho con un proyecto, al público le pasa lo mismo. Ese juego, ese disfrute, se traslada. Por eso me gusta lo que hago, porque no se parece en nada a la idea de trabajo. Es como ser chico pero de grande.
Encontrar la casa para un proyecto es para mí lo más desafiante. He tenido libros por más de ocho años hasta encontrar la editorial que los quisiera editar. Creo que no perder la esperanza y seguir mostrando los proyectos (a pesar de las puertas que se hayan cerrado) es todo un desafío.
¿Qué hace que tus ideas y creaciones logren distinguirse?
Durante muchos años pensé que mis proyectos se vendían porque yo hacía todo: los escribía, los ilustraba, los diseñaba y les ofrecía un producto final. Y en un punto sigo creyendo que lidiar con un solo profesional a vez los tranquiliza o les resuelve muchas cosas. Siempre digo una frase de Maradona que dice: “Si podés montar dos caballos a la vez, es más fácil que te contraten en el circo”. Hoy pienso que mi trabajo también es muy bueno, a los chicos les gusta y se vende. Por lo tanto no funciona solamente porque yo hago todo, sino que el producto final tiene la calidad necesaria. Lo que me llama la atención de otros colegas es la imaginación. Pienso, “¿cómo se le ocurrió esto?”. A veces analizo lo que me genera ver esos trabajos. Entonces trato de hacer lo mismo, de sorprender, de no caer en lo esperado. Algunos profesionales piensan en el lector, en el público o en el editor. Se fijan en qué le puede gustar, pero creo que eso es un error. Particularmente pienso en lo que a mí me gusta y trato de hacer eso. Y que le guste a quien le guste lo mismo que a mí.
¿Estás trabajando en algún proyecto personal?
En estos momentos estoy terminando un libro para la editorial El Ateneo. Es el octavo de la colección Teo y Ana investigan. También estoy por empezar la tercera parte de Thiago y Maca para la editorial La Brujita de Papel. Antes de eso desarrollé un juego de cartas (proyecto propio que pensé de cero) e hice todo el mazo, más las reglas. Estoy pensando quién puede hacerlo, ya que los jue gos van por otro carril. Aunque hay editoriales que también los hacen.
¿Tenés alguna meta por delante?
Tengo una novela que escribí hace algunos años llamada La guerra de las granjas, y está publicada por la Editorial El Ateneo. Quería hacer con ella una película y ya tenía un guionista y una productora para encarar el proyecto. Pero eso se pinchó con los temas políticos, ya que esperábamos que el INCAA nos ayudara a arrancar. Pero me en cantaría hacer una película con alguna historia o personaje mío.
¿Qué harías hoy si estuvieras empezando en la profesión?
Me dediqué a hacer libros porque era lo que había en el momento en que empecé. Pero el mundo se fue abriendo y hoy son muchas las cosas que se pueden ilustrar: etiquetas de vino, publicidades, arte para remeras, animaciones, videojuegos. Creo que estudiaría de la misma manera que lo hice en mis inicios, pero no me centraría solo en piezas editoriales. Abriría más mi abanico. Hoy hay cosas muy divertidas para hacer que cuando empecé no existían o no estaban tan a la mano.
¿Qué le recomendarías a alguien que quiere ser ilustrador profesional?
Es todo un trabajo conseguir que nos publiquen, pero la satisfacción es mucha y vale la pena. Pienso que lo que hay que hacer todo el tiempo es tirarse a la pileta. Perder el miedo e insistir. Además, hoy existen muchas más salidas para un ilustrador. Algunos hacen comisiones en las redes, otros emprenden y venden productos con sus trabajos, hay miles de ferias y gente que los compra. Existen productoras y agencias de publicidad que requieren de ilustradores. Deben perder el miedo de mostrar el trabajo y ver la mejor manera de hacérselos llegar. No se queden solo con subir cosas a las redes y esperar. Hay que salir a buscar lo que uno tanto quiere.
ADA, además de ser un lugar de pertenencia donde encontrarse con amigos y colegas, funciona como una especie de sindicato para defender nuestra profesión y a nuestros socios.
¿Por qué estás en ADA?
ADA, además de ser un lugar de pertenencia donde encontrarse con amigos y colegas, funciona como una especie de sindicato para defender nuestra profesión y a nuestros socios. Es una asociación en donde encontrar un apoyo para todo lo que hacemos. Es un lugar de exposición y venta, ya que estamos donde hay que estar.
Hacemos un anuario que se regala a todos los editores y en la página hay una galería que es muy visitada cada vez que necesitan un ilustrador. Pero, por sobre todas las cosas, es un espacio para crecer, lleno de cursos, charlas, talleres, debates, reuniones, y salidas a dibujar. Es como un club de ilustración.
Creo que la IA (pese a que la detesto y que hay que conseguir que la legislen) vino para quedarse. Pero hay algo que la IA no puede hacer (todavía) y es crear. Todos se sorprenden cuando la IA hace imágenes con estilo Ghibli o estilo Burton, pero no podría imitar ese estilo si no existiera un Hayao Miyazaki o sin un Tim Burton.
¿Cómo le podemos ganar a la IA?
En todos los tiempos la tecnología le fue pisando los talones a algunas profesiones. Vi desaparecer a los fotocromistas con la aparición de las Mac y el diseño por computadora. Pero los más inquietos y adelantados aprendieron a trabajar con las máquinas y hacer la diferencia sobre los que nunca habían hecho fotocromía. Creo que la IA (pese a que la detesto y que hay que conseguir que la legislen) vino para quedarse. Pero hay algo que la IA no puede hacer (todavía) y es crear. Todos se sorprenden cuando la IA hace imágenes con estilo Ghibli o estilo Burton, pero no podría imitar ese estilo si no existiera un Hayao Miyazaki o sin un Tim Burton. Ella puede imi tar, pero no inventar. Los que la usan crean prompts estilo tal o estilo cuál. Creo que por ahora eso nos mantiene en un lugar de privilegio. Nos necesita. De todos modos es cierto que la IA empobrece el mercado, pero es lo que hay.
+Alexiev Gandman