Diseñadora gráfica, ilustradora y colaboradora indispensable de ADA, Ana comparte con gran generosidad (y humor) el desafío de ilustrar una colección de ocho libros.
¿Cómo fue que decidiste ser ilustradora?
Dibujo desde que tengo memoria. Empecé calcando y copiando con papel carbónico (o a con traluz). Era parte del juego con mis hermanas. Todos los libros de mi infancia tienen los bordes remarcados (risas). En mi adolescencia tuve la suerte de tener de profesor de plástica a Edgardo Vigo, gran artista platense, que me marcó mucho (aunque en ese momento no lo supe). Estudié diseño en comunicación visual en la facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y seguí dibujando. Me recibí. Con el trabajo —y después la familia— el dibujo quedó un poco relegado. Muchos, muchos años después apareció la ilustración.
¿Cuáles fueron tus primeros trabajos y cómo los obtuviste?
Mi primer trabajo de ilustración fue con el libro Animales en la noche con texto de Florencia Esses, para la editorial Hola Chicos. Yo trabajaba con la editora haciendo el diseño de los libros, y un día —allá por 2016—comenzaron a buscar ilustradores para incorporar a sus proyectos. Me preguntó si conocía a alguien y no pude resistir la tentación de decirle: ¡yo! Años antes, con la llegada de mi segundo hijo, había retomado el dibujo —muy de a poco—. En 2016 había hecho un taller de collage con Estrellita Caracol, asi que mandé a la editorial todo lo que tenía y les gustó. Me mandaron el texto, hice una doble página de muestra y a partir de ahí arranqué mi camino como ilustradora profesional.
¿Trabajás solamente en digital o también lo hacés analógicamente?
Mis primeros trabajos fueron en collage. Después empecé a combinarlo con lo digital, por una cuestión de tiempos. Pintaba los papeles, escaneaba y después recortaba y armaba en photoshop. Actualmente trabajo enteramente en digital, salvo los bocetos, que los hago en lápiz y los escaneo para usarlos de base.
¿Qué programa utilizás?
Uso photoshop. Dibujo con tableta gráfica —de las viejitas que mirás en la pantalla (risas)—. Utilizo pinceles y tramas. Siempre que puedo —y si el proyecto lo permite— incorporo el collage.
¿Qué pasó cuando te llamaron para hacer días de playa? ¿Ya se sabía que era una colección o empezó siendo uno solo?
Sí, sabía que era una colección porque ya estaba publicada. ¡Pero eran menos que ahora! La editorial me convocó para un relanzamiento en una edición revisada y mejorada.
¿Cómo fue tu proceso de trabajo para hacerlos?
Primero me reuní con la editorial y con Margarita Mainé —la escritora—, para charlar sobre lo que ellas querían transmitir. Ahí conversamos sobre el estilo de las ilustraciones, qué mantener y qué no de la edición anterior. Con esa información, el paso siguiente fue el diseño de personajes. Partir de una edición previa tiene el desafío de buscar alternativas a lo ya hecho, pero a la vez, tenés que mantener ciertos rasgos característicos: como las trenzas de Malena o los rulos de Fernán. En la primera edición el personaje principal era Fernán. En esta, la idea era que Malena también tuviera protagonismo. Creo que eso lo hizo mucho más divertido para los lectores y a mí me fa cilitó el trabajo.
¿Cómo lográs sostener los mismos personajes en el tiempo?
¡Es complicado! Los primeros cinco los ilustré todos juntos, asi que no fue tan difícil mantener cier tas cuestiones de estilo. A partir del sexto fueron saliendo uno por año. En esa instancia sí fue más complicado, porque mi estilo iba cambiando con el paso del tiempo y la colección tenía que mantenerse unificada. Ese fue otro desafío.
¿Qué fue lo más divertido del proyecto?
Las historias de estos dos amigos son muy disparatadas y eso hace muy divertido todo el proceso de ilustrar.
Partir de una edición previa tiene el desafío de buscar alternativas a lo ya hecho, pero a la vez, tenés que mantener ciertos rasgos característicos: como las trenzas de Malena o los rulos de Fernán.
¿Cómo hacés para no cansarte al dibujar una colección tan grande?
En 2023 la colección se volvió a lanzar —una tercera vez— pero a todo color (risas). ¡Ya eran ocho títulos! La versión anterior había sido a dos tintas, por lo que la forma de trabajar los originales fue muy diferente —desde la paleta de color a cómo trabajar en el archivo—.
Fue casi como volver a dibujar de cero cada ilustración. El riesgo de cansarte siempre está, por su puesto. Cuando pasa eso, dejo por un rato el proyecto, sigo con otro y después vuelvo a retomar.
El riesgo de cansarte siempre está, por supuesto. Cuando pasa eso, dejo por un rato el proyecto, sigo con otro y después vuelvo a retomar.
¿Trabajaste con libertad?
Sí, ¡mucha! En los últimos trabajé sin bocetos previos. Apenas unas líneas desprolijas que me sirvieron de ayuda memoria para tener una guía general de la escena. Cuando lo tenía ya ilustrado y diagramado se los mandaba. Fue un proyecto de mucha libertad y también confianza en mi trabajo. Estoy muy agradecida por eso.
¿Cuál de todos ellos es tu favorito?
El primero y el útltimo (por ahora (risas)). Días de playa y Días de ciudad son los más divertidos, por lo disparatado de las historias.
El libro es muy exitoso entre los chicos, ¿qué te pasó cuando fuiste a firmar ejemplares?
Es muy linda la experiencia de estar en contacto con los chicos. Te abrazan, te preguntan cosas desopilantes, te regalan dibujos de Fernanes y Malenas. Salís renovada y llena de amor. Son la mejor parte de este trabajo.
¿Te dedicás solo a ilustración infantil o también haces ilustración para adultos?
Hice muy poco para adultos. Tengo algunos proyectos personales dando vuelta pero muy verdes. Necesitan mucho tiempo de trabajo y están más orientados al fanzine, que es un formato que me encanta.
¿Estás trabajando en algún proyecto personal?
¡Siempre! Tengo varios en diferentes etapas, algu nos más avanzados que otros. Pero a todos les falta mucho trabajo. Me encantaría poder destinarles más tiempo y energía pero conjugar el trabajo, los hijos, las obligaciones… a veces se me complica (risas).
¿En qué proyecto te gustaría trabajar para una editorial?
Me entusiasman los proyectos que impliquen un desafío. Que me hagan salir de lo que esté haciendo y me permita explorar algo nuevo. Me aburro rápido. Ese también es un problema cuando los proyectos personales se estiran mucho.
Me entusiasman los proyectos que impliquen un desafío. Que me hagan salir de lo que esté haciendo y me permita explorar algo nuevo. Me aburro rápido.
¿Qué le recomendarías al ilustrador que está empezando y que no sabe cómo conseguir un encargo?
Primero, que siempre esté en contacto con otros ilustradores: te permite aprender de la experiencia de otros, pedir consejo o compartir las frustraciones.
En lo práctico, es indispensable tener un portfolio y perseguir editores (risas). Hay que mandar mails, ir a las jornadas profesionales y estar presente en los grupos de ilustradores. Allí es donde surgen oportunidades laborales, por eso hay que estar atento y no bajar los brazos. Es una tarea ardua.
Los concursos también son muy útiles para mos trar el trabajo. Te obligan a terminar proyectos y es material para portfolio en quienes recién empiezan.
Mandar mails, ir a las jornadas profesionales y estar presente en los grupos de ilustradores. Allí es donde surgen oportunidades laborales, hay que estar atento y no bajar los brazos.
¿Cuál es el mayor desafío de ser ilustrador?
Contar con imágenes una historia y que la persona que lo “lee” se sienta parte, que haya una complicidad.
La editorial a la que le hacía el diseño de los libros, buscaba ilustradores para incorporar a sus proyectos. Me preguntaron si conocía a alguien y no pude resistir la tentación de decirle: ¡yo
¿Por qué te gusta este trabajo?
¡¡Porque puedo dibujar!! El proceso del dibujo es mágico
Para mí lo colectivo es súper importante, en cualquier ámbito de la vida. Por eso estoy en ADA y mi participación es activa. En comunidad siempre es más fácil lograr resultados.
Trabajás mucho para ADA y todo adhonorem. Contá puntualmente qué hacés y por qué te parece importante ADA.
LLegué a ADA en 2016 buscando el contacto con colegas. Recién empezaba y me sentía muy sola. No me involucré mucho hasta el 2020, cuando surgió la posibilidad de relanzar la revista de la Asociación: Sacapuntas. Y se armó un equipo hermoso. También hice algunas colaboraciones con el grupo de diseño y desde 2024 lo estoy coordinando. Para mí lo colectivo es súper importante, en cualquier ámbito de la vida.
Por eso estoy en ADA y mi participación es activa. En comunidad siempre es más fácil lograr resultados, ya sea para lo más mínimo —como pedir un consejo profesional a un colega—, o para cuestiones más grandes como el reconocimiento de derechos laborales.
+Ana MacDonagh